• Psicoanálisis
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    Cuando uno se interesa en el psicoanálisis es común preguntarse si el psicoanálisis es una psicoterapia o si se trata de otra cosa. En realidad, se podría responder afirmativamente las dos posibilidades planteadas por esta pregunta. En efecto, es indudable que el psicoanálisis, desde su origen, tiene una dimensión terapéutica. Antes que nada, nació del esfuerzo de Sigmund Freud por encontrar un tratamiento eficaz para toda una serie de síntomas cuya causalidad escapaba a la medicina, y que eran de naturaleza psíquica. Al mismo tiempo, no se puede ignorar el hecho de que el psicoanálisis es también otra cosa. Es decir que el psicoanálisis no se resume a la psicoterapia.

    La dimensión terapéutica es indispensable en la psicoterapia como así también en el psicoanálisis. Sin cierto deseo de curarse de algo que nos parece que no anda en nuestra vida, y que nos hace sufrir, iniciar una psicoterapia o un psicoanálisis no tendría mucho sentido. El deseo de curación está siempre en relación con cierto grado de sufrimiento. Y este sufrimiento es siempre el motor principal de la cura. Pero esto no debe hacernos perder de vista que el psicoanálisis va más allá de la dimensión terapéutica.

    Y no alcanza con decir, por ejemplo, que el psicoanálisis va más en profundidad, que toca nuestro ser más profundo, el inconsciente, esa parte que nos es inaccesible en nosotros mismos. La noción de profundidad es en efecto una metáfora que puede prestar a confusión. Porque entre la profundidad y la obscuridad a veces no hay más que un paso. Y luego se corre el riesgo de deslizarse hacia el oscurantismo. Cuando lo que más se desea es un poco de claridad!

    Ver un poco más claro lo que nos pasa, lo que nos hace sufrir y se nos impone más allá de todo lo que hagamos para evitarlo. Porque en realidad lo que nos resulta sintomático ne es solo algo que deseamos sacarnos de encima lo antes posible. Lo que nos resulta sintomático es también algo que nos interroga, nos cuestiona. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Cuál es la causa? ¿Existe en nosotros algo más de lo que creemos saber y que por ahora no puede manifestarse de otro modo?

    El psicoanálisis es una práctica de palabra. Y cuando uno se inicia en esta práctica, con el compromiso que implica, se puede constatar que la palabra comienza a tomar una dimensión particular. Porque la existencia del inconsciente nos lleva a descubrir, no que existe en nosotros una profundidad, sino más bien todos los lazos que constituyen la trama de nuestra vida, de nuestra historia familiar (a veces a través de varias generaciones) y los acontecimientos que nos han marcado en nuestra infancia. El psicoanálisis nos lleva a descubrir que en esos lazos se anudan finalmente las relaciones de la palabra y del deseo. Comprometerse en un psicoanálisis es pues comprometerse en una experiencia de palabra atravesada por la cuestión del deseo. Del deseo inconsciente.

    El psicoanálisis, a diferencia de otras formas de psicoterapia, no es una terapia exclusivamente sintomática. Más allá del síntoma, el psicoanálisis se presenta como una terapia causal. Una terapia sintomática apunta solamente a reducir el síntoma. Una terapia causal va más lejos. Apunta a producir un saber sobre la causa. Y es a través de esta elaboración de saber que tiene como punto de mira la causa, el por qué del síntoma, que el psicoanálisis es susceptible de producir un efecto terapéutico más extenso y más estable. El psicoanálisis apunta en efecto a producir un efecto terapéutico no solo sobre el síntoma sino también sobre la estructura psíquica que lo determina.

    Existe pues en el psicoanálisis una relación entre el saber y el efecto terapéutico. Ese saber, que es fundamentalmente un saber inconsciente, opera en la cura analítica gracias a la transferencia.