• Psicoterapia de adolescentes

    Suele hablarse a menudo de crisis de adolescencia. Y también suele hablarse de "pasaje adolescente", para referirse al pasaje del mundo de la infancia al mundo propio al joven adulto. El período intermediario de la adolescencia es a menudo sinónimo de fragilización, de búsqueda de independencia, de perturbaciones, de desbordamientos y excesos en varios sentidos pero que en general suelen estar ligados a los cambios psíquicos y fisiológicos de la pubertad.

    La paleta de cuestiones que pueden perturbar a los adolescentes es muy vasta. Pero es sabido que el sufrimiento psíquico y las perturbaciones somáticas que aparecen a esta edad pueden a veces ser muy invasoras e incluso inquietantes: malestares, angustias, perturbaciones escolares, trastornos de la alimentación (bulimia, anorexia), comportamientos de riesgo (sexuales, adictivos, compulsivos, agresivos e incluso violentos, contra si mismo o contra los otros, etc.) Ese malestar puede también a veces expresarse silenciosamente, pero no por eso de manera menos grave. Es por ese motivo que debe ser tomado muy en serio, así se trate por ejemplo de malos pensamientos, de conductas de repliegue, de desvalorización, de fobias no muy llamativas, etc.

    Los adolescentes pueden también a menudo presentar ideas claras de suicidio, y a veces dar a ver manifestaciones muy alarmantes. La elevada tasa de tentativas de suicidio de los adolescentes aporta la triste prueba de este problema. Es por eso que aportarles una escucha particular, la escucha de lo que finalmente es muy a menudo un deseo de cambio que no logra hacerse escuchar, puede servir para prevenir los riesgos de pasaje al acto.

    Es entonces durante este pasaje adolescente – más o menos largo y que se pasa más o menos bien – que un joven puede necesitar ser acompañado. La implicación afectiva de los padres, por más amable que sea, no aporta en todos los casos una respuesta a la problemática de los adolescentes. El lugar de tercero que puede ocupar un psicoterapeuta puede corresponder a la fuerte necesidad de sentirse entendido en su singularidad que se considera propia de los adolescentes, y puede de ese modo ayudarlos a atravesar ese período delicado de pasaje.

    Primeramente es importante poder ayudar a un adolescente a poner en palabras su malestar. Progresivamente, el trabajo terapéutico puede permitir al adolescente tomar un poco de distancia con respecto a la situación que lo abruma y lograr apropiarse de otro modo de su propia historia y sus conflictos. Se trata de ayudarlo a retomar un proyecto de vida, confianza en si mismo, y confianza en los adultos sin que esto represente una "amenaza" para él. El trabajo psicoterapéutico puede ayudarle a canalizar sus angustias y a entrever un sentido para su vida.

    Un adolescente que sufre implica también una familia que sufre, Puede entonces resultar beneficioso ayudar a un adolescente que lo necesita, ya que para él mismo dar el paso a iniciar un tratamiento psicoterapéutico puede ser difícil.